4 dias netos en una isla maravillosamente conocida parecen poco pero rinden fruto al alma y la devuelven bien nutrida. Inmersiones en un mar completamente incoloro y a la vez turquesa son antidotos fundamentales para sanar cualquier tipo de añoranza con el líquido elemento que recarga toda nuestra energia. Las distancias dejan de serlo cuando uno siente cerca el mar, su olor, su sabor y su fuerza que remontan recuerdos bien guardados y nos hacen sentirnos cerca. Lejos pero cerca. Mi teoria se reafirma al llegar a la isla, es así y no hay con que darle para derrocarla, los que nacimos y nos criamos muy cerca del mar somos totalmente "anfibios de mar". Esto significa que no se puede concebir nuestra vida muy lejos del océano, nuestra existencia básica reside en verlo por lo menos un instante cada día, mojar un pie y seguir con nuestra rutina. Nunca el agua tuvo tanta importancia para la supervivencia humana y aquí queda demostrado que no basta solamente con beberla. Gran "muso" de poetas, inspirador de músicos renombrados y escenario inigualable de historias que alguna vez hemos escuchado y otras miles que jamás conoceremos pero que duermen sobre su fondo nos han marcado el camino; flotan y se hacen amigas las interminables anécdotas de inmigrantes de fueron y vinieron, que nunca regresaron y que nos dieron nombres y apellidos gracias a su coraje y aventura. Esa devoción la heredamos de ellos, de aquellos que siguieron viviendo del mar, de sus frutos y de su riqueza y eso está en nuestro adn y no podremos (ni queremos) renegar nunca jamás de lo que nos tanto llena. Vuelta a ciudad de la NO furia (por ahora y hasta que vuelvan los veraneantes) donde espera el mismo trabajo de siempre y más, puedo asegurar que el barco sigue proa al norte y que las velas están empezando a encontrar su rumbo; bienvenidos a otra aventura más y puede que sea de piratas, yo no me la perderia...
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