Sentado en alguna plaza sin flores, todo lo que me invade no es más que corsarios desdichados devenidos a "piratuchos de poca monta" en busca de dar el GRAN GOLPE que les cambie definitivamente la suerte. Pero no saben que su brújula imantada y maltrecha por los años, que nunca perdonan, jamás volverá a marcar el norte. Sino que en éste mar de incertidumbres, donde ir a la deriva es lo mismo que ser maldecido y enviado al frente como "carne de cañon", todo se andará cuesta arriba y sin llanuras. Solo me detengo a mirar sobre mi hombro, y no veo más que aquellos viejos piratas que conozco de muchas vidas atrás; que así y todo no termino de acostumbrarme a su terrible afán de hacer girar ésta maravillosa y a la vez atroz maquina de ideas clandestinas.
Seguramente seguirán buscando en el mapa el lugar en donde creen haberse perdido, pero nunca llegarán a encontrar. Ni más ni menos que por haber sido acreedores de las toneladas de maleficio que les han hechado encima los guradianes del cofre de mis sueños. Sino fuera por ellos éstas palabras no podrían haber salido a la luz y ustedes no tendrían pruebas para sacar sus propias conclusiones.
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